jueves, 4 de noviembre de 2010

Ciclismo urbano en Londres, mi primera experiencia

Lo primero que apareció en el camión de mudanza fueron mis bicicletas perfectamente embaladas.


¡Por fin iba a poder desplazarme en bicicleta al trabajo!

Claro que, estando acostumbrado a los casi 9km mi recorrido al trabajo en Madrid, los escasos tres kilómetros desde mi casa a la estación de tren de Surbiton enseguida me supieron a poco.

Me lo pensé un poco. Analicé posibles recorridos y me decidí a probar a ir en bicicleta desde mi casa al trabajo. 21 km de bici desde un barrio al suroeste de Londres hasta el centro, concretamente hasta Victoria Station.

Estas son mis impresiones de esta primera experiencia (y como primeras impresiones que son bien pueden estar totalmente equivocadas).

El recorrido tiene tres partes bien diferenciadas.

La primera parte es desde mi casa a la entrada de Richmond Park. Esta parte, unos 7km, discurre en su mayoría por una carretera de doble sentido sin arcén. No tiene mucho tráfico, pero los coches no corren mucho, yo diría que entre 50 y 70 km/h. No me encuentro con ciclista alguno en toda esta parte, ni al ir ni al venir. El terreno es sube-y-baja por lo que mi velocidad pasa de 30 a 10km/h constantemente. Con todo no he percibido agresividad por parte de los conductores y cuando me adelantaron lo hicieron correctamente. No fue mal la experiencia.

La segunda parte es atravesar Richmond Park. Unos 5km. Para hacernos una idea vendría a ser como atravesar la casa de campo. Para mi sorpresa el parque está abierto a la circulación de coches y tiene bastante tráfico a pesar que la carretera es una de estas que no tiene ni línea de separación entre carriles. Aquí si que me encuentro con ciclistas. Mejor dicho, aquí empiezan a adelantarme ciclistas. Esta parte del recorrido no es precisamente llana y yo, que voy vestido de paisano, procuro mantener un ritmo tranquilo. El dato anecdótico es que en Richmond Park hay ciervos sueltos y es muy fácil encontrarse con ellos.


A la vuelta, ya de noche, el parque estaba cerrado al tráfico de coches y caí en la cuenta que el foco delantero que llevo en la bici sirve para que me vean y es perfecto para Madrid, pero no para bajar por una carretera donde la bici se pone a 40 Km/h y estás totalmente a oscuras.

La tercera parte del recorrido es cruzar el río por el puente de Putney y luego recorrer Kings Road de extremo a extremo, unos 9 km en total. Aqui es donde empieza el ciclismo urbano de verdad.

Lo primero que llama la atención es el número de ciclistas. Yo ya sabía que ne Londres se practica mucho más el ciclismo urbano que en Madrid, pero hasta que no he puesto a rodar por las calles no he caído en la verdadera diferencia del número. Y es mucha.

Lo segundo que me llamó la atención es que esta parte del recorrido tiene carril bici. Pintado de un color entre azul y verde, en la calzada, muy estrecho y con pésimo mantenimiento. Lo realmente curioso es que la mayoría de los ciclistas pasaban del carril bici. Circulaban por el mientras eso les facilita el avanzar, pero el tráfico es tan intenso que no dudan en salirse del carril y zigzaguear entre los coches y autobuses para ir avanzando. Lo hacen con una agresividad que a mi me pareció temeraria, pero lo cierto es que los conductores de los coches no se quejan (al menos no tocando el claxon) y procuran evitar a los ciclistas.

De hecho, aunque te encuentras todo tipo de ciclistas yo diría que hay uno que predomina. El ciclista de largo recorrido. Un ciclista vestido de ciclista, con casco, que no usa alforjas pero lleva una mochila a la espalda (seguramente con la ropa de paisano en su interior) cubierta con un impermeable de color chillón y reflectante, con bici de carretera (fixie en su defecto) que hace más de 10 km de recorrido hasta el trabajo y que su comportamiento en la calzada yo calificaría de extremadamente agresivo.

En la oficina se pueden aparcar las bicicletas en el parking subterráneo, pero está tan lleno que la lista de espera para obtener plaza es de 80 personas por lo que me toca aparcar la bici en la calle pero no me cuesta encontrar un parking de bicicletas porque conozco la zona desde hace años y ya los tengo localizados.

En definitiva una experiencia interesante. Me voy a pensar si lo hago de manera regular. De ser así tendría que hacer algunos ajustes a la bicicleta (focos, ruedas, etc) para que se adapte mejor a estas distancias y a la falta de luz, pero no me parece una idea descabellada.

A cuidarse
Javier Arias González
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